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apoyo social a las guerras

Las guerras que tan crueles son y tanto daño han creado, y aún se siguen apoyando, de un modo u otro. /Madrid.J.M

La costumbre de la sangre

En Turquía se ha quebrado la inusual «tranquilidad» de los dos años de proceso de paz para retomar la vieja costumbre que caracteriza la guerra desde hace 40 años; funerales de militares asesinados a manos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado por la mayoría de la población turca, Estado turco, Unión Europea y Estados Unidas una organización terrorista y considerada guerrilleros por otros segmentos sociales e instituciones; así como muertes de integrantes del PKK a manos del Ejército turco, considerado por una parte bastante importante de la población turca/kurda descuartizadores de las libertades del país e impulsores del islamismo radical.

Ha transcurrido un mes y medio, desde que a finales de julio, el Partido por la Justicia y la Libertad (AKP, en turco), que lidera Recep Tayyip Erdogán, y el PKK pusieran fin al proceso de paz, único espacio en el que la ciudadanía turca había sentido alivio de no sufrir un atentado, alivio de no ver noticias sobre muertes constantes y donde se había logrado cierto reconocimiento, aunque no suficiente, de los derechos que parte de la comunidad kurda reivindica.

Implantada nuevamente la vieja costumbre de las muertes de personas, entre las que no hay que olvidar, civiles, parte de la ciudadanía está convencida de que el objetivo de Recep Tayyip Erdogán es perpetrarse en el poder; la guerra resulta una táctica muy útil para ganar tiempo y recompensar la pérdida de votos que los ciudadanos, de forma libre, decidieron destinar al partido HDP en vez de al suyo en las últimas elecciones generales el pasado 7 de junio. Este nuevo partido de izquierdas representa a las minorías del país y conseguió el diez por ciento mínimo necesario para tener representación en el parlamento, sin embargo suscita ciertas dudas en la población turca por supuesta relación con el PKK, a pesar de que reivindica la paz y llama a dejar las armas, pero algunos alcaldes de estas siglas en el este del país han impuesto zonas de autogobierno municipal donde rechazan la autoridad turca, lo cual complica la imagen de este nuevo partido político. De las elecciones generales no ha surgido ninguna coalición, por lo que Turquía asistirá a elecciones anticipadas el próximo 1 de noviembre en un clima realmente insano.

banderas turcas en fotos de perfiles en un ambiente de guerra civil

Un hashtag muy utilizado en Twitter tras el asesinato de 16 soldados. Según traducción, este hastag #HDPyiÖvenKAHPELER significa más o menos «las putas que alaban al HDP». Se veía también un gran intercambio de fotos turcas en perfiles personales de ciudadanos, como muestra de rechazo a la muerte de soldados.

Por su parte, el PKK da signos de refortalecimiento, al menos intenta mostrar una postura de fuerza superior, debido a la alianza con compañeros kurdos en la lucha contra el Estado Islámico en Siria. A esta situación se le une, el Frente- Partido Revolucionario de Liberación Popular (DHKP-C), el Partido Comunista Marxista-Leninista (TKP-ML) o la Organización Revolucionaria de Obreros y Campesinos de Turquía (TIKKO).

El poder entre los dos actores principales, donde influye Estados Unidos y, según muchos ciudadanos, Israel también, es asimétrico. Entorpece además el maligno Estado Islámico e influye también Massud Barzani, presidente del gobierno regional del Kurdistán Iraquí, con el que Turquía mantiene una buena relación.  El Estado turco siempre ha sido superior, en fuerza, basta darse una vuelta por Diyarbakir para comprobarlo: mucho más empobrecido, más violencia en la calle, asimilado a Oriente Medio, como si hubiese sido fuertemente castigado, el fantasma de la guerra se huele a la perfección. El PKK ha logrado hacer un gran daño, inserto en el imaginario colectivo: la ciudadanía turca rebate en muchas ocasiones la cuestión de los asesinatos de niños a manos de estos guerrilleros/terroristas con bombas en colegios o el asesinato de profesores turcos en el este de país. De hecho se lee últimamente que la actual situación de violencia en el país recuerda a los años de plomo de los 90.

PKK, ¿terroristas o guerrilleros?

PKK, ¿guerrilla o terrorista? no existe un consenso sobre definición del terrorismo . /Vitoria-Gasteiz. J.M

División social más profunda en Turquía

En Turquía es cierto que no existe la misma división social que se produjo en Bosnia: turcos y kurdos han convivido, han mantenido relación, han hablado, en muchas ocasiones son amigos… la cuestión es en qué condiciones se ha producido esa convivencia, si la convivencia se traduce en respeto mutuo entre identidades diferentes. Cuando se habla con la ciudadanía, se escuchan los gestos, se presta atención a cómo reaccionan, ciertos gestos salen a la luz.

El atentado de Suruç produjo cierta quiebra social más profunda entre la comunidad turca y kurda, el estallido del hartazgo de ambas partes en el proceso de paz, a partir de aquel atentado la violencia se ha incrementado de forma notable en el país. El experto Alp Ozerdem, profesor del Instituto de la Verdad y la Paz en la Universidad de Coventry, lo explica muy bien en este vídeo.

En las redes sociales se percibe cómo los hechos afectan de una manera muy directa en la ciudadanía. El pasado domingo, 6 de diciembre, 16 soldados turcos fueron asesinados en un ataque y al día siguiente sedes del partido HDP fueron atacadas. En las redes sociales se percibió una oleada de banderas turcas en fotos de perfil, muchísimas imágenes de Atatürk y muchos intercambios de mensajes con fotos de heridos y muertos, así como un hasthag en Twitter que decía #HDPyiÖvenKAHPELER. Este hashtag significa algo así como «las putas que alaban al HDP», como se indica en el pie de la foto de arriba.

HDP en relación al PKK

Bajo ese mismo hashtag se publicaban muchas fotos de este calibre. Según traducción, dice algo así como «de un vehículo que llevaba provisiones al PKK salió un o una diputado/a del HDP», lo cual indica rivalidad, al menos, parcial de cierto segmento social en Turquía que desconfía del espíritu democrático del HDP.

En una ocasión, le ofrecí a un kurdo una pancarta reivindicando la paz en idioma turco, había otras pancartas en otros idiomas, la escogí por puro azar, el gesto de rechazo fue tremendo. En otra ocasión, en una conversación con una chica kurda, me relataba lo mal que lo había pasado al viajar sola a Estambul, había sentido un miedo tremendo de salir a la calle, en la afamada Taksim, tenía pánico de que le pudieran hacer algo al reconocerla como kurda. Aquí entra en juego también el fantasma de guerras pasadas. Esta misma chica me relataba cómo había conocido a un turco, quien le había propuesto iniciar relación, se gustaban mutuamente, pero ella le dejó muy claró que era imposible dado que ella era kurda y él turco.

En una conversación informal, en el marco del encuentro «The kurdish case in the light of the basque model» que se celebró el pasado febrero en Bilbao, pregunté a uno de los integrantes del TESEV, una fundación de estudios sociales y económicos en Turquía, cómo veía las relaciones entre turcos y kurdos, a lo que respondió: «en el día a día no existe odio, pero cuando se habla de cuestiones políticas salta el discurso del odio».

En una conversación con un hombre turco en el sur de Turquía, hablaba muy mal de los kurdos a diario, los tachaba de animales, se matan entre ellos… En un encuentro casual, en la mesa de un balcón de una vivienda de familia turca, comenzaron a hablar sobre la actual situación del país de forma esporádica: «Erdogán ha iniciado la guerra porque ha perdido muchos votos en las últimas elecciones, los votos han ido al HDP y ahora intenta recolectar los votos perdidos». La misma integrante afirmó muy enfadada, tomándose la pausa tan característica con la que hablan cuando están dispuestos a charlar durante un buen rato: «Erdogán no sabe lo que sufren las familias de soldados turcos que mueren porque a él le da la gana». De hecho, ha habido «problemas» en cuanto a rifirrafes públicos entre militares y miembros del AKP debido a esa misma acusación.

kurdos acuden a la Casa de los cantantes

Ancianos kurdos acuden a la Casa de los Cantantes en Diyarbakir para recitar sus historias personales, agonía, sufrimiento durante la guerra y a lo largo de la violencia desencadenada con el gobierno turco/ Diyarbakir. J.M

«No existe un problema entre turcos y kurdos», recalcaron en ese mismo encuentro. Sin embargo, se lanza la pregunta: «por qué los kurdos no pueden estudiar su idioma en la escuela o por qué no se reconoce que son kurdos», y se quedan un rato callados, como si el miedo comenzara a impregnar el ambiente: las respuestas resultan muy parecidas, como si todos tuvieran la misma opinión. «Ellos pueden hablar kurdo en la calle, hablan en el metro en todos los sitios», admiten, ejemplificando que sí se respestan los derechos de la ciudadanía kurda, pero tras una pequeña pausa, la misma cuestión que plantean muchos ciudadanos turcos vuelve a asomar: «¿Qué ocurriría si les permitimos hablar su idioma y las demás minorías reivindicasen el mismo derecho? ¿Qué ocurriría con nuestro idioma y nuestro país?». En esta ocasión la pausa aguarda una respuesta. En realidad, tras todas estas cuestiones se esconde el miedo, y la desconfianza ante los intentos de independizarse y quebrar la unidad territorial del país. ¿Quieren independencia o quieren autonomía? Esa cuestión se divisa en muchas ocasiones en las palabras que utilizan. De hecho esa misma desconfianza se percibía en el ambiente del proceso de paz. Un experto en conflicto separatistas en Turquía me advertía de ello, en una conversación informal que mantuvismo, la desconfianza generalizada de no saber qué reivindicaba exactamente la parte kurda en discordia con el gobierno turco.

Falta de balance entre las diferencias de vida

Hace poco un lector me escribía para relatarme la contra natura que resultaba las medidas adoptadas por el considerado padre de la República de Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, aquel que separó religión y Estado, si se tiene en cuenta la mayoría musulmana en este país. El quebrantamiento extraño que ha producido en la ciudadanía: es común ver a familias pro Atatürk no bebiendo cerveza durante el Ramadán por respeto a la comunidad musulmana: si se es partidario de separar estado y religión, se es partidario de beber una cerveza con independencia de las circunstancias externas, pero eso no ocurre en Izmir, la ciudad más moderna del país, en mi opinión, quizás Bodrumb también, aunque la tradición pesa mucho. Ese mismo lector me decía que resultaba contra natura las ideas marxistas, el denominado confederalismo democrático, que inspira el PKK o los defensores del PKK en un país de mayoría musulmana.

Turquía no termina de encontrar un balance adecuado en las diferentes formas de pensar, sentir y vivir la vida. Por un lado, los musulmanes que apoyan las políticas de Erdogán. Erdogán se erige como un super-hombre, ya se habla de que quizás haya utilizado la guerra como un instrumento para aplazar las elecciones. Por otra parte, los (no) musulmanes que viven anclados en los tiempos de Atatürk, pero que tampoco son laicos. Por otra parte, todas las personas super nacionalistas que odian todo lo que no represente la ciudadanía turca. Por otro lado, todas las personas que no apoyan a unos ni a otros, y que se hospedan en el único partido que se ha creado sin tintes nacionalistas, el HDP.

Ambiente de guerra civil

Y la conclusión es división social cada vez más profunda entre la población y los diversos segmentos sociales que la componen, mientras el clima «terrorífico», según me relataba un conocido, incrementa la tensión y la preocupación. El periodismo ha sufrido un profundo varapalo: la periodista de paz Frederike Geerdink, única periodista extranjera asentada en Amed (Diyarbakir, en turco), ha sido deportada de Turquía, el periodista Manuel Martorell, que lleva una eternidad trabajando en la cuestión kurda, resulta que es categorizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos como terrorista, e instalaciones del medio Hürriyet sufrieron ataques, en un clima de represión de los medios, por citar los últimos acontecimientos acaecidos contra la libertad de prensa e información.

Recep Tayyip Erdogán rompió el proceso de paz porque, en sus palabras, no quería negociar con quienes iban en contra de la «unidad nacional e integral» del país. El PKK parece haber roto el proceso de paz por un desgaste de falta de pasos en el Gobierno turco y debido a bombardeos del Ejército turco en el «refugio» del PKK en las montañas de Iraq.

En realidad la percepción social es que Recep Tayyip Erdogán parece que desea obtener mejores resultados de los que obtuvo el pasado 7 de junio donde perdió la mayoría absoluta. En caso de ostentar dicha mayoría absoluta Erdogán hubiese deseado reformar la constitución y establecer un sistema presidencialista con el que obtener competencias amplias. A Ankara le preocupa que los kurdos puedan crear una unidad territorial al norte de Siria, dada la alianza entre PKK y YPG, lo que podría tener consecuencias en la unidad terroritorial de Turquía.

El PKK parece continuar con la reivindicación de la autonomía para el pueblo kurdo, derechos y libertades del pueblo kurdo. En caso de obtener dicha autonomía acercaría al pueblo kurdo a ostentar un territorio que nunca han tenido y ha desarrollar con libertad sus derechos. Pero no todo el pueblo kurdo se siente representado por él. Y esa idea de libertadores no siempre se da en la ciudadanía.

De cara al exterior se podría dar a entender que la reactivación de esta guerra civil es sinónimo de muerte expandida y miedo abrumador, lo cierto es que salvo en determinados puntos, sobre todo, en el este del país y la frontera con Irak, la vida cotidiana transcurre del mismo modo, entre el pan para comer y el estrés por no llegar a fin de mes, pero es un país relativamente seguro para el caos que lo caracteriza, en el contexto de su inestabilidad, que ha aumentado y genera más preocupación. Pero no se encuentra en los niveles de Siria.

Pregunté por las soluciones a las personas: «La ciudadanía debe ser inteligente, ellos quieren que nos separamos, que luchemos entre nosotros, pero todo resulta al final un juego».

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