CICLO INMIGRACIÓN. Euskadi.
Momentos antes de que la entrevista tenga lugar en el edificio de SOS Racismo Gipuzkoa en la ciudad de Donostia, nos cruzamos con el abogado experto en inmigración y miembro de esta organización, Mikel Mazkiaran, le acompañamos a un bar a tomar un café. Allí iniciamos una primera charla que aborda en términos generales sobre la extraña sensación de comentarios cada vez más continuos: “vienen a cobrar la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)”, “así yo también me voy a otro país”… Hablamos también de la Unión Europea y el rumbo temeroso que Francia y Alemania marcan en la protección de un elemento básico de la Unión: la libertad de movimiento, no solo ya de los inmigrantes, suscita la creación de una auténtica prisión europea, si no también respecto de los propios comunitarios.

Ya en otra conferencia, ante el gran constructor de paz John Paul Lederach, se le preguntó qué hacer con el cabreo social ante la actitud del gobierno del Partido Popular: “humanizar el Estado”. Hubo un comentario que dio qué pensar: “¿Se dirigirá ahora la violencia propia de tiempos de ETA hacia la inmigración? ¿Cómo se gestionará esa violencia?”.

Entrevista a abogado especialista en inmigración Mikel Mazkiaran

Entrevista al abogado especialista Mikel Mazkiaran en la sede de SOS Racismo Gipuzkoa /Donostia. Selcuk Senyurt

Una vez en la sede de SOS Racismo, edificio bonito donde trabaja Mazkiaran, habla de dramas sociales que giran alrededor de la inmigración, la dificultad de la “reagrupación familiar”, adolescentes que llegan al “país que les robó a su madre”, pues inmigración comporta, entre otras muchas cosas, procesos de ruptura familiar, lo cual tiene consecuencias en los procesos de escolarización y socialización. Pudimos observarlo hace tiempo en Bolivia, cuando en las visitas a las “casas” de las familias que se situaban en el octavo anillo de Santa Cruz de la Sierra, un barrio lleno de polvo, pero de sonrisas amargas en los rostros de quienes en ellas habitaban, los niños se comportaban con sus abuelos como si fueran en realidad sus padres, la ausencia de sus progenitores provocaba un daño terrible, difícil de reparar. Ocurrió que una niña hacía siete años que no veía a su madre, se quedó a cargo de su abuela, y la madre apareció un día para llevársela con ella a Madrid. Por otra parte, la discriminación, que se asienta en unos márgenes que generan temblor en una sociedad supuestamente desarrollada: entre el 60 y el 80 por ciento de los inmigrantes sufre algún tipo de discriminación.

Sentado en una silla, algo más relajado tras el susto que se ha llevado al saber que iba a ser grabado, pensaba que se trataba solo de una foto y algunas preguntas, Mazkiaran afirma, lo que desde la construcción de paz, no se niega: el conflicto es innevitable. “La relación [inmigración-autóctono] ha sido siempre de conflicto”, la cuestión reside, más que en negar el propio conflicto, en cómo resolverlo; no discriminar a quien se percibe diferente, con arreglo a la protección de los derechos humanos.

La Renta de Garantía de Ingresos, una ayuda pública que el Gobierno Vasco creó como mecanismo de protección social, suscita problemas en la ciudadanía. Mazkiaran aporta un dato clave “la crisis económica afecta 10 puntos más al colectivo inmigrante”. Aclara al mismo tiempo que en la concesión de la RGI no se hacen distinciones de origen, es más, según este experto en leyes, nacionales y europeas, concernientes al menos, a la inmigración, “no existe ni ha existido ninguna ayuda pública en forma de prestación económica que vaya a dirigirse específicamente a la población inmigrante”. Es más, remarca, “si dejamos a Vitoria de lado, y hablamos de colectivos perceptores, el mayoritario sería el de los pensionistas”. La RGI contempla dos modalidades: proveer los ingresos necesarios para cubrir necesidades básicas, complementar pensiones bajas que algunos ciudadanos puedan percibir.

Declaraciones que chocan profundamente con el sentimiento extendido en las calles: vienen a cobrar la RGI, acaparan las ayudas públicas. Tal vez, la actitud del alcalde de Vitoria, Javier Maroto, no ayude a desescalar el conflicto, si no que contribuya a generar una opinión equivocada de lo que es inmigración y cómo se desenvuelve. O tal vez, la propia vergüenza sea, de la necesidad de acudir a los servicios sociales, en un contexto de crisis económica que harta a todxs. Según Mazkiaran esa vergüenza debe desaparecer, porque justamente por eso se denomina: sistema de protección social.

[youtube width=”600″ height=”365″ video_id=”GCp3FtN2XW8?rel=0″]

*Este post ha contado con la participación especial de Selcuk Senyurt *Tenemos mucho que mejorar en el vídeo: lo haremos.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies, tanto propias como de terceros, para recopilar información estadística sobre su navegación y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, generada a partir de sus pautas de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información sobre política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This