Los paisajes alucinantes de una Bolivia maravillosa

Recuerdo de Bolivia unos paisajes alucinantes. / Potosí. J.M

Lo más bello de un viaje son los recuerdos que de él se guardan; no existen anotaciones, ni un ordenador con el que publicar. Recuerdos de las sensaciones, paisajes admirados, el impacto de las culturas ajenas, ese impacto refresca la mirada, desaprende la orientación: ya las cosas no se ven del mismo modo, ni se pronuncian las mismas palabras.

Hace cinco años realicé el que puede decirse, de manera profesional, mi primer viaje fuera de la Unión Europea: aprender el funcionamiento del mundo, intentar acercarme a la pobreza, un término muy complejo de entender, ver otros paisajes. El viaje supuso un remolino: desubican del anclaje de la vida, revolotean las ideas preconcebidas, te lanzan a otros centros. Aquí van los recuerdos de Bolivia. Un país que abrió mi mirada.

las mujeres en Bolivia

Recuerdo que las mujeres me impresionaron muchísimo en Bolivia/ Sucre. J.M


En un principio no tenía muchas ganas de ir al Salar de Uyuni. Ni siquiera pensé qué era un Salar, jamás me había planteado cómo podía ser un desierto de sal, estamos acostumbradxs al desierto de arena. A excepción de un viaje a Argentina con mi familia cuando era muy pequeña y otro viaje con las amigas de la Universidad a Túnez, hacía bastante tiempo que no salía de Europa.

Durante nuestra estancia en Santa Cruz de la Sierra, nos enseñó el funcionamiento del verdadero mundo, más allá de las fronteras de la Unión Europea, decidimos hacer un viaje de diez días con nuestras mochilas a cuestas.

Éramos unas chavalitas. Y qué bien lo pasamos. Compramos una mochila que se desintegraba a medida que viajábamos. Recuerdo la risa, el primer día se caía una cremallera, el segundo día un bolsillo… resultaba una auténtica locura. No me separé de mi cámara en los dos meses en los que estuve en Bolivia, recién comprada tras mi primer paso por la redacción, decidí intentar retratar todo lo que veía. El mundo de la fotografía es fascinante, pero complejo.

Acércandonos al Salar de Uyuni

Acercándonos al Salar de Uyuni. /Salar de Uyuni. J.M

Llegamos a un pueblo cercano al Salar de Uyuni. Era de noche y hacía frío. Aquello era el vasto horizonte de la nada. Veníamos de la ciudad de Potosí, y el viaje en autobús fue una auténtica locura. Bajábamos a través de acantilados situados en puertos peligrosos, agradecí que fuera de noche para no poder ver las verdaderas condiciones de la carretera. El autobús se movía muchísimo.

El conductor paraba cada x tiempo. Aquello no se entendía muy bien. Recuerdo que realizamos una parada, bajamos a la nada, miramos al cielo. Jamás vi estrellas tan bonitas en un cielo tan despejado. Esa imagen se ha quedado grabada en mi mente. Recuerdo que al llegar al pueblecito más próximo del Salar de Uyuni nos fuimos directamente a dormir, era una habitación pequeñita, algo pobre, en una especie de hostal… era todo un poco raro y las tres, las tres compañeras que viajamos en la aventura, estábamos un poco asustadas.

No recuerdo qué cenamos, ni qué desayunamos. Recuerdo al día siguiente una ducha muy muy rápida en algo que era una especie de ducha.

Al día siguiente tuvimos que levantarnos pronto e ir rápidamente a comprar una gafas de sol. El guía nos había advertido que era imposible visitar el Salar de Uyuni sin gafas de sol. Yo aún no comprendía qué era eso de un salar: imaginaba un horizonte inmenso, pero no creía que fuera a ser tan espectacular. Creo que junto a las cataratas de Iguazu antes y las ruinas de Bergama en Turquía después, es el lugar más impresionante que he sentido.

isleta o montaña en el Salar de Uyuni para observar su llanura

Especie de isleta o montaña en el Salar de Uyuni para observar su llanura/ Salar de Uyuni. J.M

Flora en el Salar de Uyuni

Cáctuses en la isleta o la montañita. /Salar de Uyuni. J.M

Nos montamos en los coches que conducían a través del Salar. Del Salar de Uyuni recuerdo el silbido del viento, era muy fuerte, el sol pegaba en la cara y en la ropa, retumbaba contra los destellos blancos que emitía el propio Salar, hacía frío pero calor al mismo tiempo, era imposible permanecer sin las gafas de sol, cegaba de una manera fascinante. Era increíble encontrarse en un lugar tan espectacular.

Paramos en una pequeña isleta donde había muchos cáptus, el suelo destellaba en un blanco infinitivo en los 360 grados, daba igual en qué dirección alzaras la vista, aquello era blanco infinito. Aquel blanco se mezclaba con montañas de tonalidades azules situadas al fondo.

paisaje precioso en el Salar de Uyuni

Un paisaje impresionante. Parecía como si estuviera creado a través de un ordenador. /Salar de Uyuni. J.M

animales extraños a los de euskadi

Animales extraños a los de Euskadi/ Salar de Uyuni. J.M

El Salar de Uyuni parecía un lugar con el encanto de mostrar la belleza y la crudeza de la misma naturaleza. Resultaba un paraíso para la mirada protegida, tenía toda la pinta de ser un auténtico infierno para los cuerpos desprotegidos. Allí había personas que acudían a trabajar en condiciones míseras para extraer la sal. Las montañitas de sal se colocaban a la entrada del Salar de Uyuni.

trabajadores trabajando en condiciones muy duras en el Salar de Uyuni en Bolivia

Trabajadores trabajando en condiciones muy duras en el Salar de Uyuni/ Salar de Uyuni. J.M

montañas de sal en el Salar de Uyuni en Bolivia

Montañas de sal en el Salar de Uyuni. / Salar de Uyuni. J.M

Una vez estuvimos en el Salar de Uyuni acudimos a un cementerio de los trenes: allí realicé una de las fotografías que más me han gustado de Bolivia. Vagones de trenes pasados, auténticos cadáveres hechos añicos debido a la intemperie, allá había soledad, y recuerdo, recuerdo la libertad.

Fue los pocos momentos en Bolivia en los que sentí libertad, quizás por el cúmulo de las circunstancias: comprobar qué es un salar, ver su llanura infinita, sentir el viento, el calor y el frío, y observar, cuando el sol esconde y las normas dictan volver al refugio del hogar o la estancia, los cadáveres que aún recuerdan la vida pasada, de estos parajes, que de la memoria no abandonan.

una vez visitado el Salar de Uyuni hacia el cementerio de trenes

Una vez visitado el Salar de Uyuni hacia el cementerio de trenes/ J.M

vagones pasados llenos de magia en el cementerio de los trenes en Bolivia

Simples vagones pasados llenos de magia/ cementerio de los trenes. J.M


 ¿Y tú? ¿Qué recuerdos traes de viajes pasados y no rememorados en los mundos modernos de los viajes constantemente narrados?
Sería bonito que los compartieras aquí 🙂
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