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«Oe, oe, oe, super Deustschland, super Deutschland, oe,oe…», se entonaba con énfasis en las calles de Hamburgo, después de que Alemania se proclamara la campeona en la copa del mundo. «Merecemos ganar, nosotros somos mejores que Argentina, hemos jugado muy bien, mira cómo fue contra Brasil, tenemos que ganar», comentaba con tensión una aficionada, pequeñita y de voz dulce, pero con tono contundente, afligida de que su equipo no marcara aún ningún gol, momentos antes de que lo hiciera en el segundo tiempo de la prórroga.

fútbol y Fifa

«Amo el fútbol, pero odio la Fifa», dice el cartel que fotografié, además de la polémica de los refugiados que vienen a Alemania. /Hamburgo. J.M

Once jugadores juegan y gana Alemania; orgullo nacional. Ésa sería la palabra que describe con mayor proximidad el sentimiento generalizado que inundó las bocas de los ciudadanos en Hamburgo, al menos, con los que yo tuve contacto, desde que Alemania derrumbara a Brasil. Todas las calles se llenaron de ciudadanos envueltos en banderas alemanes, pintura en la cara, botellas y cervezas en mano, todos como locos, festejando que habían ganado. Es un hecho curioso observar cómo se extrapola la victoria de un simple juego a un sentimiento nacional.

Baje un poco el volumen de su ordenador para ver este vídeo que grabé cuando Alemania ganó:

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Resulta extraño encontrarse con una representación de orgullo nacional como la de ayer, en un país en el que el orgullo nacional varía entre la vergüenza y el orgullo mismo. Un país que de cara al exterior podría perfectamente enorgullecerse: educación, calidad de vida, cuidado del medio ambiente, civismo.

Sin embargo, pasas más de dos días en una ciudad, a primera vista parece tener un nivel de vida muy alto, empiezas a callejear, coges el metro, ves gente que pide, tanto en las calles como en el metro, mucha gente que pide, mucha gente que parece demente, borrachos tirados en la estación central, ves a alemanes que pintan diferente, como los denominados chonis en España, como si aquí también existieran clases sociales, las diferencias entre el oeste de Alemania y el este, y los escuchas hablar: «en el este apoyan más a los Nazis, son más analfabetos, hay más paro», me decía un alemán, con tierno aire, un aire de… hablando del consentimiento social de la violencia, que a mí me interesa mucho. Respecto del Norte y el Sur de Alemania, como si Baviera (zona Nürenberg, München…) no fuera muy querida. «En München son demasiado conservadores, no permiten fumar en los bares, aunque hacen nudismo en los parques, en Hamburgo somos más modernos», explicaba hoy otra chica. ¡Vaya, si hacer nudismo en los parques se entiende por conservador! Y esas personas mayores que deambulan en las estaciones de autobús, como si estuvieran enfermos, en un país en el que reina la perfección, eso también debe frustrar, a veces pienso que Alemania es el estado del super yo, tal vez por eso Freud naciera aquí, observas también la actitud de los propios ciudadanos, en todos los sitios hay personas simpáticas y estúpidas, eso se sabe, pero en los últimos días se percibe una especie de… orgullo, ganas de comerse la copa del mundo, burlas, por ejemplo, en la escena en la pantalla del partido en el que aparecía un niño argentino llorando porque veía que su equipo se iba al traste.

deshacerse de los mitos en Hamburgo

A veces los mitos envuelven las mentes y es mejor deshacernos de ellos comprobándolos en propia persona/ Hamburgo. J.M

«Alemania es un mito», me comentaba una amiga, en una terraza, mientras hablábamos de lo que pensabamos del país, siempre se habla de lo que se piensa de un país cuando se está fuera de casa, lo mitificado que está venir aquí, como si aquí todo perfecto, y el sueño alemán existiera para muchos: un trabajo digno. ¡Cuánta falta hace! ¡Cómo influye el trabajo! Te fijas en los ciudadanos extranjeros que tienen los peores trabajos, al menos los que han llegado, hay otros que tienen buenos trabajos, jóvenes españoles que han venido con el sueño de buscarse la vida y están frustrados.

No me parece que en Alemania se viva mejor que en España -entiéndase este artículo desde el punto de vista de desmitificar un país que suscita admiración, no desde el orgullo nacional, que a mí me trae sin cuidado, más bien desde la dignidad de las personas-, ni que haya mejor calidad de vida, ni siquiera me parece más fácil aquí buscar un trabajo digno: generalmente se exige un nivel mínimo de B2, y no es alcanzable en cuatro días. Aunque me imagino que habrá excepciones y haya quienes hayan encontrado un buen trabajo, a pesar de no hablar alemán.

«En Hamburgo los alemanes no trabajan, son los extranjeros los que se ocupan de lo peor», me comentaba una chica de Ucrania, que se ha mudado a Hamburgo para mejorar su alemán y poder trabajar aquí, ya que en su ciudad, según cuenta, hay mucho paro juvenil, apenas trabajo, y ella ha estudiado en la Universidad. Yo creo que los alemanes sí que trabajan, al menos mis amigas sí lo hacen, pero sí es cierto que parece que se ocupan de los mejores puestos y restan los demás para los extranjeros, en España ocurría algo similar con las personas que venían de América del Sur, aunque el tipo medio de inmigrante no tuviera que corresponderse necesariamente con personas no cualificadas, si no que muchos venían con carreras sin poder ejercer en España por falta de una legislación que convalidara adecuadamente la carrera cursada.

juventud azotada en Atenas

Personas en Atenas que deben de estar pasándolo especialmente mal también, debido a la situación de desempleo e inestabilidad política, en especial, la juventud muy azotada/ Atenas. Foto cedida por M.M

He pensado en la dignidad de las personas. A veces, me parece que en Alemania se tiene poca sensabilidad hacia la dignidad, más aún viendo su actitud en la Unión Europea. «Todo éxito alemán precede a un desastre europeo», escribió un periodista en Facebook. Me quedé pensando en esa frase. No pretendo generalizar, tal vez me equivoque. Gente estúpida hay en todos los lados, también en Alemania; paseabamos por la carretera peatonalizada de Lübeck, una ciudad pequeña a una hora de Hamburgo más o menos, cuando una mujer en bicicleta nos llamó estúpidos por pasear por dicho asfalto; estabamos viendo el partido de fútbol en una especie de centro comercial donde había bares con espacios abiertos en los que ver en las pantallas, los listos que habían reservado sentados, los tontos de pie, cuando un hombre sentado me dijo entre carcajadas que me alquilaba la silla por 15 euros. He empezado a cabrearme.

Me ha sorprendido lo normalizado que está aquí el que personas mayores, mujeres a partir de 60 años, o familias, alquilen habitaciones a estudiantes o trabajadores, sacándose una buena tajada al fin de mes. Por no hablar de las dificultardes de alquilar una habitación, que parece que hay que pasar un cásting: mándame el link de tu facebook, escribe una pequeña descripción en el email, en persona apuntando en papel. En un caso próximo que conozco la señora de una casa ha dispuesto un anexo entre la cocina y el jardín, donde duerme un chico francés que hace prácticas. En otro caso que conozco, en una habitación de una casa que parece un auténtico hotel, la cama de esa habitación es usada por otros huéspedes que acuden simplemente a dormir dos noches, mientras que el que vive realmente en esa habitación, con sus cosas incluidas dentro de ellas, está de vacaciones y estoy muy segura que no recibe ni un duro que esos huéspedes esporádicos dejan a su paso.

Me parece poco digno, ambos supuestos que he remarcado. Por eso Alemania también es un mito. En Alemania, aunque sí impera una forma más estructurada de organizar la vida y enfrentarse a ella, no todo es cuidado de la dignidad y no todo es orden, ni estructura espectacular. Puede parecer un poco ofensivo lo que voy a decir (pido perdón si es así), pero a mí a veces me parece que tienen cierto aura del pasado, aquel pasado. Y no digo que no haya mucha gente muy simpática y muy cachonda, que tampoco todo es seriedad, mis amigas de aquí son geniales, pero a veces en los gestos, en cómo se expresan, en lo directos que son… dan la sensación de que… o puede que se trate de un percepción por lo interiorizado que tenemos la conducta pasada que muchos (no todos) tuvieron.

Por ejemplo, es muy común escuchar que son licenciados en tres carreras, dando la sensación de que están mega cualificados. La Universidad aquí funciona de forma un poco rara, un estudiante puede elegir una carrera principal y después asignaturas varias de otras carreras, por lo que complementa esa principal. Se escucha que se es licenciado en economía (carrera principial, por poner un ejemplo), en inglés (simplemente porque ha hecho algunas horas de inglés, cultura inglesa…), en español… cuando no es así. Es como si nosotros dijeramos que somos licenciados en alemán simplemente por haber ido a la Escuela Oficial de Idiomas.

La chica con la que tomé una cerveza en la terraza me decía que en España hay un «complejo de inferioridad». Recuerdo la Universidad de Alemania, al menos periodismo, como algo muy aburrido, muy teórico; unos sermones impresionantes. Recuerdo sorprenderme de ver la diferencia entre un estudiante de aquella universidad con uno de la Carlos III de Madrid. Por algo las enfermeras en España estarán tan solicitadas en el extranjero, pienso yo, o muchos ingenieros han sido contratados en el extranjero o investigadores que se han ido a Estados Unidos (los de letras, somos balas perdidas). Lo de España es un auténtico sin sentido, con todo el talento que allí observo a mi alrededor.

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