selva de irati

Recuerdo haberme quedado con el dato de que la Selva de Irati es la segunda selva más importante de la Unión Europea, por detrás de la afamada Selva Negra en Alemania, que aún no he visitado. La Selva de Irati poco tiene que ver con el concepto inserto de Selva, que yo asemejo más al Amazonas, ya sea por las películas de Disney o por desconocimiento. La cuestión es que con ganas de descubrir un nuevo paisaje y visitar una nueva zona, nos encaminamos a la Selva de Irati, que se sitúa en la frontera de Navarra con Francia.

El dato de la segunda selva más importante de toda la Unión Europea estaba ya en mi mente, cuando en el recorrido hacia allí, empezamos a observar ciertos cambios en el paisaje: una gama de colores propia de la estación de otoño, sin tanto pino típico de Euskadi, con un horizonte más abierto, y más frío. Y una entiende que estando tan cerca de casa lo paradójico que resulta tener tantas cosas que descubrir, como si en el día a día se nos escaparan muchos de los detalles de los lugares que a menudo visitamos.

El primer día en la Selva de Irati hicimos un recorrido a pie, unas tres horas, hasta un lago o pantano. Tengo grandes dificultades para diferenciar entre lo natural y lo artificial, en cuanto a lago o pantano concierne. El recorrido era bonito, la Selva de Irati era bonita. Me resultó bonito, pero no puedo decir que me resultara un paisaje maravilloso, de esos que te quitan el habla. Puede que fuera porque estoy acostumbrada a ver montañas, árboles y ríos, o  el cansancio de haber conducido, puede que tuviera las vertebras un poco jodidas y que aquello no me permitiera disfrutar del todo, puede que fuera con ese concepto de la segunda selva más grande la Unión Europea, acompañada de las opiniones del boca a boca de que era un lugar verdaderamente impresionante de ver.

Y era bonito, los árboles, los caminos, las hojas desparramadas… y sin embargo, faltaba algo. Y creo que era el tiempo que el viaje necesita para situarte en el mismo viaje.

bosque en la Selva de Irati

Bosque precioso, me encanta el verde mohoso 🙂 / Selva de Irati. J.M

selva de irati

De camino hacia el lago o pantano/ Selva de Irati. J.M

Tras el primer día en la Selva de Irati, cuando el sol avisaba ya que se iba, en busca de un lugar donde aparcar la transporter para dormir, tuve un momento de esos de alucine, cuando una viaja, como si el viaje requiriese también cierto tiempo para la respectiva desconexión. Para llegar a la Selva de Irati hace falta subir, por un camino que está más o menos bien, para después bajar de nuevo. Es decir, una llega al pueblo de Ochagavia (que era la ruta que yo elegí por pura intuición, ya que hay dos), hay que subir y luego volver a bajar, una especie de puerto de montaña podríamos decir. Y la verdadera desconexión, el momento de alucine fue cuando paramos la transporter en el punto más alto y nos topamos con el atardecer, el silencio, hacía un viento de locura, allá era imposible dormir, estar, fumarse un cigarro fuera. Pero fue un momento precioso, allí clavados durante 50 segundos- el viento no daba para más- en nuestra pequeña visita a la Selva de Irati en Navarra. Y los caballos allí seguían, ajenos al viento, al frío, y metidos en el propio horizonte.

Al día siguiente, algo cansados por el frío que habíamos pasado en la transporter, pero con el alma más expuesta a la libertad, bajamos a Ochagavia para desayunar en un hostal que servía también de restaurante. Una observa el pueblo y comprende que en invierno hace verdadero frío allí, por los tejados de las casas, por las fachadas, por los puentes de piedra… era una especie de estilo de Pirineos pero a mí me resultó mucho más bonito. Y tras bajar al pueblo, volvimos a subir para después volver a bajar.

un pueblo muy bien cuidado el de Ochagavia

Un pueblo muy bien cuidado/ Ochagavia. J.M

pueblo bien cuidado el de Ochagavia

Recorriendo el pueblo se percibía que viven del turismo, lo tienen muy bien cuidado. /Ochagavia. J.M

Una vez de nuevo en la entrada de la Selva de Irati, decidimos hacer el recorrido del Bosque de los sentidos. Me gustó el nombre. No había muchas ganas de andar durante muchas horas. Es un recorrido relativamente corto. Una hora y media creo, y fue todo un acierto.

No sabría decir por qué me gustó tanto el Bosque de los sentidos. Pero allá íbamos tres, y saqué la cámara, y comencé a andar a mi propio ritmo. No el ritmo de los restantes, esto es importante, porque el viaje, el pequeño viaje o una simple excursión allanan el camino para caminar en el propio ritmo. Y empecé a sacar fotos: se veían grandes árboles, se observaba un camino hecho entre tanta hoja desparramada por el suelo, no hacía mucho frío, no era costoso, no sé, una iba. Pensé en muchas cosas, como ocurre en el viaje, en el pequeño viaje o en la excursión, mira que en la vida cotidiana lo de pensar muchas cosas es también frecuente, pero sucede allí de otra manera. Pensé en mi novela Colores Prohibidos, cuya portada tiene también un bosque, y de dónde sería ese bosque, y pensé por qué no me habría llevado el libro para sacarle unas fotos allí, y pensé que si me hubiese llevado el libro ya no iría por libertad o con libertad, si no que iría más bien a sacarle fotos al libro, entonces ya no se trataría de un viaje, o de un mini-viaje o de una excursión, si no de vida diaria donde el calendario corre veloz.

el bosque de los sentidos

Me llamó muchísimo la atención la forma de este árbol /El Bosque de los sentidos. J.M

espinas en la Selva de Irati

¡Parecen espinas! / Selva de Irati. J.M

Y el Bosque de los sentidos resultó ser el Bosque de los sentidos, a pesar de que me imaginara la Selva de Irati mucho más enorme, a pesar de que pensara que estallarían en mis ojos, como un shock, una gran gama de colores que pertenecen más a la temporalidad del otoño que a otra cosa en esta vida, y no sucedió, pero el Bosque de los sentidos, ese bosque sí que agudiza el alma, y no sé por qué.

¿Y tú? ¿Piensas en algo concreto cuando visitas un bosque o algún lugar que te desconecte sin saber por qué? Anímate y comenta 🙂


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