libro, reloj y flor

Libro, reloj y rosa. Buena combinación./Foto cedida por artista Daria, residente en Alemania.

¡Han transcurrido cinco años! Ocurrió en el año 2011, un septiembre de 2011, en plena crisis económica, salíamos de la Universidad, no teníamos donde echar currículums vitae… en plena crisis personal, la bofetada que sufrimos los nacidos en 1985, ¡qué hacer! Toda la vida nos inculcaron que matricularse en la Universidad era sinónimo de trabajo futuro digno.

El mismo periodismo, tan bonito y de sistema tan asqueroso… y una no sabía muy bien para dónde tirar, en eso he mejorado algo, pero no del todo, y sentía la necesidad de virar la vista atrás para después hacerlo hacia adelante, ahora después de cinco años, estoy hacia adelante, creo, con la sonrisa puesta, no siempre, aún cojeando.

pintada en Hamburg

Pintadad muy oportuna la que encontré el año pasado en Hamburgo. /Hamburg. J.M

En Alemania sentí la necesidad de escribir mi novela

Antes del septiembre de 2011, en julio de 2011, me fui de viaje a Alemania, con Laura, blogger de esta web que pronto, o eso, espero, nos mostrará con más ahínco qué ocurre en la India. En aquel entonces ambas estábamos en España, y nos fuimos de viaje a Alemania, para echar la vista atrás. 10 días. 110 euros, recuerdo. Cómo íbamos a pagar, pero al final pagamos. Alquilar un coche y por aquí y por allá: lo pasamos genial. Es curioso observar cómo en la cotidianidad las decisiones pueden resistirse, decisiones de la esencia me refiero, pero en el viaje… todo transcurre de una manera muy natural, espontánea, bonita.

En Alemania recorrimos diferentes ciudades: volvimos a Trier, esa mini-ciudad de cuento de encanto que nos acogió durante los once meses del erasmus, de callecitas muy limpitas, olor a bollos, buenos kebaps como dicta la costumbre en Alemania -muy diferentes a los de Turquía- y todo tan bien cuidado, aunque en invierno, a las 18:00 no había ni Dios en la calle.

Durante el erasmus una hace lo propio del erasmus: dedicarse a sí misma. Hablar alemán, leer y escribir. Qué más puede pedirse. Tener dinero y tiempo libre al mismo tiempo.

Trier en Alemania

Plaza central de Trier, a estas horas, creo que era mediodía, atiborrada de gente, pero en invierno… aquello era para verlo. /Trier. J.M

Hamburgo

Esta parte de la ciudad resultaba muy bonita, toda llena de canales y edificios de ladrillos a lo antiguo, pero modernos al mismo tiempo. /Hamburgo. J.M

De Trier pasamos a Hamburgo, a donde volví el año pasado y sacié la necesidad de estar allí una temporada– yo ya soy más de Turquía-, más tarde, en ese mismo viaje,  fuimos en coche a Berlín, decidí, en aquel viaje de 2011, en realidad, no, sentí, noté, palpé… la necesidad de decir algo por escrito.

Agonía y disfrute de escribir mi novela

Dos meses más tarde a aquel sentimiento, me puse a ello. No disfruté en los tres años restantes que me llevaría escribir mi novela. La agonía fue mayor que el disfrute; había que reubicarlo todo, había que aprender a aprender cómo escribir una novela, había que luchar en la soledad del estudio, aunque sí que hubo momentos en los que reí, me lo pasé en grande; aquellos en los que la novela avanzaba, las piezas cuadraban, el texto hablaba, los personajes se dejaban entender, cuando armé el final. ¡Aquello fue puro placer! Armar el final. Quedarme contenta con el final.

Tres años más tarde: cuatro horas al día-sálvense fines de semana y vacaciones-llegué al final.

Leía algo así como: “una vez acabes la novela, tu trabajo no ha acabado, comienza la publicación”, me sonaba a broma. Me reía por no llorar. Después se aprende a relativizar y te ríes porque te entra la risa de verdad. Se requiere mucha energía para llevarla a la fase de publicación. Lo intenté con tres grandes editores, sabía que era muy complicado. Fui valiente de hablar con ellos, tonta de no saber cómo hacerlo.

Dos años después a esos tres años de aquel septiembre de 2011 posterior a julio de 2011 aquí me tenéis. Es lo que me ha llevado hacerlo, repensarlo, hacerlo, llorar, reír, tambalear, erguirme, parar, continuar, escribir FIN, corregir, mandar, recibir, hablar, no hablar, pensar, no pensar, irme de viaje, perderme, encontrarme, sentirme orgullosa, triste, alegre, desquiciada, descansar, reanudar, ver qué quiero, bendito mercado… he decidido, sentido, notado, visto que publicaré mi novela de una manera independiente, de la misma manera que la escribí, a través de Internet primero.

Me gustaría mucho que me acompañaras.

¿Has sentido en alguna ocasión la necesidad imperante de hacer algo? ¿Cómo te has sentido al hacerlo? ¿La querrías compartir en los comentarios?
No hay sentimiento más bonito que las experiencias compartidas.

 

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